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BLACK SABBATH - Born Again 1.983 (colaboración Christian Jiménez)

He dado un buen repaso a los '80 nombrando y comentando un puñado generoso de discos, pero claro, es lógico que muchos de los que yo tenía pensados meter en el saco de los 100 Mejores se hayan quedado en el tintero.

Así que hay por ahí muchos trabajos que por A o por B no se han podido ver en profundidad y que, realmente, necesitan su propia reseña.

Uno de ellos ha calado tanto en mis tímpanos que ya es hora de que lo comente, y es nada menos que “Born Again”, aquel disco maldito realizado por unos bastantes descentrados y desorientados Black Sabbath que vivían esa convulsa etapa de los '80 de una manera increíble a la par que extravagante.

De todo esto se hablará.


-Black Sabbath fueron una de las tres bandas más importantes de los '70 cuando se empezó a promover el paso del “hard rock” hacia algo llamado “heavy metal” (las otras eran Purple y Zeppelin). A aquel género aún le quedaba bastante para definirse y estilizarse correctamente (demos las gracias a Judas Priest y su “Sad Wings of Destiny”), pero los primeros escarceos se percibían en gente como Iron Butterfly, los de San Francisco Blue Cheer, los progresivos Atomic Rooster y un larguíiiismo etcétera.

De todos modos ahí estaban Sabbath despuntando en 1.970 con “Paranoid”, su obra maestra por los siglos de los siglos. Aunque ellos no sonaban como Deep Purple o Led Zeppelin. Sí, tenían raíces “blues” y muy “rockeras”, pero había algo más. El peso de oscuridad y tenebrismo en cada composición era algo sobrenatural. Cada tema compuesto por el cuarteto estaba rodeado de un halo enigmático de misterio indescifrablemente obtuso, y, a la vez, de una coherencia y precisión apabullantes. En Sabbath había caos, pero era un caos dentro de un cierto orden que nadie puede explicar.

Pues hasta que llegó 1.975 vivieron una época dorada, donde quedaron para la posteridad obras de arte como “Black Sabbath”, “Paranoid”, “Master of Reality”, “Vol. IV” y “Sabbath, Bloody Sabbath” (que, para un servidor, es su favorito).

Tras un grave problema con managers, ejecutivos, productores, etc., siguieron grabando aunque ya sin la magia de entonces, acabando aquella primera etapa con un desastroso “Never Say Die!” ”, que fue ya la gota que colmó el vaso.


En 1.980 Osbourne ya estaba fuera de la nave y Sabbath no sabían muy bien que hacer, hasta que llegó, desde las garras de Ritchie Blackmore y su cada vez más grande RAINBOW, el talentoso vocalista Ronnie James Dio, que se había marchado de allí para que su puesto fuera ocupado por el infinitamente inferior, aunque no carente de recursos, Graham Bonnet (he dicho muchas veces que este hombre ha estado en todos lados ya, y no me equivoco).


Dio hizo que el gigante recuperara su espléndido brillo con dos discos míticos y tremendamente importantes para el “heavy metal” de la nueva década, “Heaven And Hell” y “Mob Rules”, este segundo ya sin Bill Ward y con Vinnie Appice a las baquetas. Con la N.W.o.B.H.M. en alza los muchachos demostraron que la sangre que corría por sus venas olía más a “metal” que la de sus jóvenes coetáneos y que podían causar sensación como antaño, a lo grande. Y lo consiguieron con creces...pero nada dura eternamente.


Tras el directo “Live Evil” (otro álbum mítico en su discografía), el cual compitió ese mismo año 1.982 con el de Ozzy Osbourne “Speak of the Devil”, se produjeron los roces del lado Iommi/Butler con los del opuesto Dio/Appice. Se acusó a Dio de que remezcló algunas pistas del concierto haciendo que su voz sonase por encima del resto de instrumentos e integrantes. Así que, tras unas cuantas riñas más, el hombre se largó con el batería y obtuvo fama y gloria al año siguiente junto a Vivian Campbell y Jimmy Bain con “Holy Diver”.

La misma suerte no tuvieron Sabbath, que eran un grupo prácticamente muerto.

De nuevo sin cantante y sin batería y con un directo que no querían sacar a la calle pensaron en varias gargantas para sustituir la del sr. Dio (un poco complicado, la verdad), y por la cabeza de Iommi pasaron nombres como David Coverdale y Cozy Powell para ocupar los dos puestos. Hasta recibieron maquetas de un tal Michael Bolton.

Por otro lado, el manager Don Arden sugirió a Ian Gillan para el trabajo. Curiosamente éste estaba ganando un cierto éxito con su carrera en solitario, pero en EE.UU. no disfrutaba de las mieles del éxito. El manager de Gillan le pidió que se encontrara con Iommi y Butler para discutir sobre ello, y como éste tuvo que cancelar su gira porque sufría algunos problemas vocales aceptó verse con los otros en un “pub” inglés.

El resultado fueron algunos litros de más y promesas que a primera vista parecerían un tanto disparatadas, como la de formar un supergrupo llamado I.G.B.W. (Iommi/Gillan/Butler/Ward). Aquello no implicaba una mayor dificultad, pero cuando eso llegó a oídos de la compañía se vieron forzados a sacar el disco bajo el nombre de Black Sabbath.


Y con la tontería se dio aquel hecho tan extraño; en el Manor Studio de Oxforshire acabó grabándose todo el material, con Gillan escribiendo letras ácidas y realistas que no eran para nada del universo Sabbath e Iommi creando la música más violenta jamás hecha en el grupo desde el “Vol. IV”. Todos estaban satisfechos, hasta Bill Ward, que volvió tras recuperarse de su alcoholismo. Mucha gente aún recuerda esa anécdota de cómo la banda tuvo que sacarle de una institución psiquiátrica para grabar. En fin, primeramente la cosa no les salió mal, hasta que llegaron al estudio para la producción, respaldada por el que fuera el ingeniero de sonido del “Sabotage”, Robin Black, y Geezer Butler. Ahí fue donde todo se arruinó; fue desastrosa.

Al conjunto se le dio un sonido hermético, sucio, de maqueta, con un resonar de batería de demasiado eco y donde el bajo parecía quedar un tanto difuminado.

Por si fuera poco el diseñador Steve Joule les dio una portada horrenda. Un bebé de apariencia demoníaca, de color rojo, con uñas y dientes amarillos, cuernos y ojos verdes sobre un fondo azul. Dicha imagen, que era la de un bebé naciendo, estaba sacada de una revista científica (aquel niño no supo que protagonizó una de las peores portadas de la historia del “rock”).

Todo estaba en su (incorrecto) sitio y aquel trabajo salió el 7 de Agosto de 1.983. Claro está, disgustando a sus creadores: Ian Gillan vomitó al ver la portada, y al escuchar el LP volvió a vomitar; a Iommi la portada le encantó pero el sonido fue su espina clavada, como le pasó a Butler, que quedó horrorizado al oírlo. A Ward, sin embargo, le gustó todo...sin comentarios.

Prestando atención a lo que se oye, el disco tiene algo especial. Uno escucha “Heaven And Hell” y queda maravillado por esa mezcla de oscuridad típicamente Sabbath y esa contundencia sonora que nació de querer superar a las jóvenes promesas de la N.W.o.B.H.M.; la voz de Dio es fuerte, ruda, “rockera” a más no poder y el sonido está muy bien definido, donde el grupo abandona parte de su tenebrismo para sonar un poco más comerciales. Es decir, se puede pillar a la primera. Sin embargo, con “Born Again” hay que hacer un esfuerzo.

Lo primero es digerir que la voz de Deep Purple está sustituyendo a Dio, y no de manera normal. Gillan suena completamente desquiciado, rasgando sus tonos como nunca e hinchándose a pegar gritos descarnados a cada dos por tres; lo segundo es la batería, que con ese eco tan raro parece que Ward le esté dando a cubos de agua; los “riffs” de Iommi no son atractivos, sino crudos, afilados, muy distorsionados. Pero, por raro que parezca, cuanto más lo oyes más te gusta; hay que darle tiempo, aunque finalmente te atrapa en su espiral de violencia sonora, ahí reside otro enigma (que parecen acompañar siempre a Sabbath):



-Abre con “Trashed”, una pieza dura, trepidante, en la línea del “Neon Knights” y “Turn Up the Night”, donde Gillan ya suelta su primer berrido (el primero de muchos) y podemos percibir que hay unos teclados tímidos por ahí, pertenecientes a Geoff Nicholls. Como se ha dicho, la guitarra de Tony Iommi crea “riffs” vigorosos y feroces acordes a las letras de Gillan, que no habla de demonios y viajes místicos, sino de una experiencia que sufrió una noche al estrellarse con su coche y salir ileso antes de que estallara en llamas. Un comienzo de puro “heavy”, que si hubiera gozado de una producción mejor...en fin.



-El ambiente se calma un poco, con unos oscuros y envolventes sonidos que presagian algo, con devenires de bajo y teclados. Se oye “Stonehenge” y todo parece indicar que lo que vendrá después de esta “intro” de 1:57 minutos será de aúpa. El repiqueteo de un corazón nos da la estridencia de “Disturbing the Priest”, el más letal del álbum. Un tema muy de Black Sabbath, que parece brindarnos reminiscencias del “Under the Sun” o “Symptom of the Universe”, aunque las comparaciones son odiosas. Más de cinco minutos de golpetazos de batería se unen a un ritmo pesado y de nuevo a esos monstruosos “riffs” de guitarra. No hay solo porque Gillan llena de texto la canción con letras perversas: “La fuerza del Diablo es la oscuridad, el sacerdote tiene que hacerle frente. La fuerza de la noche le destruirá, pero no le deshonra al entrar en su alma y en su mente; tienes que prender las llamas de la duda en tu interior, en tu interior”, todo esto entre miles de agudos chillidos. Lo más gracioso es que está inspirada en una situación referente al guitarrista, que se hizo con un local para ensayar situado junto a una iglesia y que recibía las quejas de los curas del lugar.


-Otra vez unos ecos de ultratumba provenientes de “The Dark” presagian la llegada del mejor corte de todo el álbum y, aunque suene exagerado, uno de los mejores de toda la discografía de Black Sabbath, “Zero, the Hero”. Uno que está a la altura de los clásicos.

Una colosal pieza de más de siete minutos, pesada, densa, rebosante de una furia desgarradora y al mismo tiempo hipnótica. Es raro, por su duración y porque carece totalmente de glamour, pero te engancha, y cada vez que la escuchas te engancha más. Será la manera tan chula que tiene Gillan de escupir sus incisivas letras (“Siéntate ahí, mira como todo se incendia, para ti es algo fácil y sin dificultad. Desempeñas tu vida para un sonido diferente; no hay filo, no lo hay, no tienes ninguna navaja. Tu vida es como una autopista de seis carriles hacia ninguna parte; vas tan rápido que nunca llegarás a apearte aquí, ¡donde los héroes están sentado en este río, con algo mágico en su música mientras comen hígado crudo!”), el solo épico que se marca Iommi desde el 4:21 hasta el 6:05 o la sección de Butler/Ward, donde ejecutan un ritmo machacón como pocos, pero es precisamente esa incógnita lo atractivo del tema. Guns 'n' Roses se nutrieron bien de él, porque lo usaron para su archiconocido “Paradise City”.



-Tras un espectáculo como el anterior llega el momento de ir más rápido, de calentar motores, y para eso está “Digital Bitch”, más veloz y muy del “heavy metal” de la N.W.o.B.H.M., donde podemos deleitarnos y hacer “headbanging” con los Sabbath del “Trashed”, creando a toda pastilla un corte enérgico donde lo que predomina es la rabia “rockera”; es como si estuvieramos delante de un Deep Sabbath (o un Black Purple, como se prefiera). De nuevo, si hubiera estado mejor producida, habría sido un “single” perfecto para la época.



-La que da título al disco, “Born Again”, posee una atmósfera emparentada con el “Sabotage”. Es densa y pesada, pero con un cariz melódico muy acentuado, comenzado con una guitarra, en “flange” o “reverb”, da lo mismo, que pronuncia un eco muy suave y relajante. Quizá es donde mejor y más inspirado suena Gillan, alternando gritos fuertes con partes más pausadas para dar un respiro a sus cuerdas vocales.

Un tema de estas dimensiones, cantado por Dio, se habría puesto a la altura de los clásicos y habría sido seguramente uno de los diez mejores del grupo de toda su carrera, aunque Gillan se mete bastante bien en la canción, creando quizá las letras más oscuras del álbum, ya que carecen totalmente de esa socarronería y humor negro que siempre ha ido con el cantante.



-Otra muy “heavy” es “Hot Line”, 100% Sabbath al rojo vivo, nunca mejor dicho. El trabajo de Butler y Ward es genial y los dos solos de Iommi dan mucha potencia a este electrizante corte donde también seguimos escuchando los altos tonos que es capaz de sostener Gillan, desatándose al final de la canción de forma descontrolada.



-Una como “Keep it Warm” es difícil no imaginársela cantada por Ozzy Osbourne o en el repertorio del grupo de éste. Podría aparecer en “No Rest for the Wicked” y no desentonaría, pero siempre está Gillan para marcar esa diferencia. Otra vez hay un gran solo del veterano guitarrista y algunos cambios de ritmo que hacen del tema un último corte épico y lleno de melodía, dicho sea de paso.



-Como extra, en la edición del 28º aniversario, aparece “The Fallen”, otra a la que no le habría venido mal tener la voz de Dio. En general es otro tema en la línea de “Hot Line”, bien llevado por un ritmo “heavy” muy Purple de principio a fin y sin descanso. Que quedase fuera del disco como canción oficial es un tanto misterioso, ya que no habría molestado en absoluto.

Y ahí está, el álbum, un álbum odiado (muy odiado) por la mayoría, y querido por una minoría que lo considera de auténtico culto. Un disco incomprendido, que falló en la producción, pero que se logró poner, así como quien no quiere la cosa, el 4.º en las listas británicas, llevándose un Platino en esas tierras, y 39º en EE.UU., posicionándose, eso sí, mejor, en otros países de Europa.

Y, sobre todo, siendo influencia seminal para muchos grupos pertenecientes a distintas ramas del “rock” y “metal” (Metallica, Guns 'n' Roses, Cannibal Corpse, Sepultura, Beastie Boys). Incluso un inesperado comentario llegaría de Osbourne, que declaró que “Born Again” era “lo mejor que han hecho los chicos de Sabbath desde que yo me fui”. No se sabe si lo dijo en serio, ya que a Dio le tenía una inquina sobremanera, en tono de guasa o, simplemente, por joder.

De todos modos, las giras de presentación de la nueva alineación al público sí que fueron un completo desastre, con miles de situaciones a lo “Spinal Tap” que ocuparían páginas y páginas, muy hilarantes, eso sí. Ante los medios y los críticos Black Sabbath se mostraron como un grupo desesperado al borde de la extinción. Menos mal que cada uno de los integrantes tuvo la suficiente dignidad como para no repetir el experimento de nuevo.

Lo que más llamaba la atención era Gillan, que resaltaba con sus tejanos y chaqueta vaquera entre todos los demás, ataviados con cuero y llevando cruces. Hasta en las giras se notaba que Quiet Riot, que hacían el papel de teloneros, vendían más que los otros por aquellas fechas.

En fin, Ian Gillan se volvió a incorporar a Deep Purple para grabar la obra maestra “Perfect Strangers” e Iommi siguió en su grupo. Eso sí, en 1.986 desconcertó aún más a todo el mundo con el disco “Seventh Star”, y no porque estuviera Glenn Hughes a la voz, sino porque el título rezaba “Black Sabbath, featuring Tony Iommi”...no se puede decir más.

Así que siempre tendremos el testigo de un momento único en la historia del “rock”, aunque muchos prefieren olvidarlo, encarnado en, o bien uno de los LP's de “heavy metal” más ridículos de todos tiempos, o bien una de las obras de arte más perversas y retorcidas jamás creadas.

Eso sí, con “Born Again” no hay términos medios: o lo amas o lo odias...yo, tras varias escuchas, me decanto por la primera opción.

(Mejor canción: “The Dark/Zero, the Hero”).



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